11 de marzo de 2014

VISITA A LA COMUNIDAD LMC de RONDOS (PERÚ)

Pequeña crónica de una grande historia


En el mes de febrero he tenido la oportunidad de visitar a los hermanos Lmc, Daniel peruano y Lety mexicana en la sierra central del Perú, en el Distrito de Rondos, Provincia de Lauricocha, Departamento de Huánuco. Es una región netamente agrícola donde se producen  principalmente papas, habas, maíz y se cría ganado. Es famosa para la producción de queso también.

Ya son unos años que está presente una comunidad de Lmc , desde setiembre del año pasado están Daniel y Lety y a fines de febrero de 2014 se incorporará al equipo la Hna. Brasileña Scharliman.  Así se completará la comunidad internacional.

Estamos a los 3600 metros de altura, la  vegetación es escasa (eucaliptos y quinuales), y pocos cientos de metros más arriba desaparece por completo. Es temporada de lluvia en la sierra, agua por todas partes,  todo verde y lodo en abundancia. Las carreteras……un desastre y trasladarse es una aventura. Es una zona de huaycos (derrumbes) frecuentes.


El mirador, de una belleza imponente


La altura es cosa seria, el oxígeno es más raro, y muchas cosas se complican: la digestión, el esfuerzo físico, el descanso. Pasé 4 noches allá arriba y no son muchas las horas que he podido dormir bien…..vueltas y vueltas en la cama, uno se siente como que se está asfixiando y por muchas ovejas que se cuenten…..que larga se hace la noche. Yo ya sabía porque soy un veterano de la sierra, pero aguanté con gusto porque quería visitar a los hermanos. Mi respeto y admiración para los hermanos  que pasan por allá unos años de su vida, por amor a dios, por amor a esa porción del pueblo de Dios, por amor a la vocación misionera que los ha llevado hasta allá.

Una calle del pueblo de Rondos

He notado inmediatamente como la gente saluda a los hermanos, conoce su nombre, aprecia su presencia sencilla y solidaria. Y los niños ni hablar, aquí también como en todas partes son los más alegres y participativos…..a cada rato se escucha alguien que grita: hermano, hermana…que bonito.


La parroquia comboniana de Baños, abarca toda una provincia, compuesta por 7 distritos. Son 2 padrecitos y un hermano y a Rondos llega el P. Eliseo (Togo) para la celebración de la eucaristía. Con él están un padrecito italiano ya mayor, P. Lino y un hermano religioso español….vaya internacionalidad…resulta que son 6 personas de 6 países diferentes, el milagro del evangelio y del carisma comboniano.




p. Sergio (el de bigote), Daniel (Lmc P), Ermelinda, catequista de Rondos y brazo derecho de la comunidad LMC, y Lety (Lmc Mx)


Trabajo hay de sobra: evangelización (celebraciones de la palabra, visita a los enfermos, visitas a escuelitas para dejar un mensaje de fe y esperanza a los niños, catequesis etc…..y promoción humana: biblioteca, nivelación escolar, vacaciones útiles, talleres de cocina y manualidades, ludoteca  para los chiquillos etc… van de la mano, siguiendo el ejemplo de S. Daniel Comboni.


Daniel con unos chiquillos, miren sus mejillas….es el frio de la altura.

En Rondos se está escribiendo una página de evangelio, sin tocar la trompeta. Estando allá recordaba muchas palabras de la  sagrada escritura hechas carne viva: hay más alegría en dar que en recibir…..ni un vaso de agua que se da en mi nombre a alguien que tenga sed, será olvidado…. gracias Padre porque has escondido estas cosas a los sabios y poderosos y las has revelado a los pequeños…dejen que los niños vengan a mí…quien pierde su vida por mí y el evangelio la salvará…...


Scharliman, Lmc de Brasil, la última a la derecha

Definitivamente, es una pequeña grande historia de amor, hay tantas…en una de las tantas periferias existenciales de este mundo. Una historia que  hace de este mundo un lugar más bello, más fraterno, más solidario, para los que han sido olvidados por los grandes de este mundo pero  están muy cerca del corazón de dios, el Padre bueno de todos.












p.Sergio, mccj

13 de marzo de 2013

MISIÓN DE VERANO EN CAURI


EXPERIENCIA DE VERANO EN SAN MIGUEL DE CAURI

 

 

En nuestra formación para la vida misionera realizamos muchas actividades, que nos apoyan a crecer sobre todo en el campo de la misión. Una de ellas es la experiencia misionera que realizamos cada año durante los meses de enero y febrero cuando estamos de  vacaciones, ya sea en la sierra o en la selva. Se trata de un espacio en el que se nos invita a poner en práctica lo que hemos aprendido y entre pocos años estaremos viviendo en la misión, ya sea en el aspecto personal o comunitario, espiritual o intelectual, pastoral o laboral por los múltiples servicios que podemos ofrecer, como el Señor nos dice que la mies es mucha y los obreros pocos.

 


Este año como el año pasado, me tocó a ir a una misión de la sierra. Se trata del distrito de San Miguel de Cauri, provincia de Lauricocha, departamento de Huánuco. Me fui con Margarito de las Filipinas. Fuimos con tanta alegría y bien preparados para compartir nuestra fe con la gente de Cauri. Para llegar a Cauri, uno tiene que hacer un largo viaje. Salimos de Lima el 7/1/2013 rumbo a Huánuco donde tenemos nuestra parroquia. El viaje normalmente toma entre ocho y diez horas. Tuvimos que quedar por allá dos noches, haciendo nuestras compras y aclimatizandonos. Esto es importante porque en Lima este tiempo es verano y donde estamos yendo es invierno.

 

 

Después de haber comprado todo lo que necesitábamos, fuimos a Baños que es la parroquia a la cual pertenece la capilla de San Miguel de Cauri, otro viaje de ocho horas. Allá el párroco, el Padre Eliseo (de Togo), nos esperaba con un almuerzo. Nos quedamos en la parroquia por tres noches y al final el Padre Lino (de Italia) nos llevó a nuestra destinación. San Miguel de Cauri es un distrito que fue creado el 26 de diciembre del 1940. Se encuentra cerca de los distritos de Jesús, Jivia y Queropalca. Tiene una población de 13 mil personas aproximadamente.
 




Nuestra presencia en Cauri fue algo importante púes intentamos dar lo mejor que teníamos, a Cristo, a quien llevamos en nuestros corazones para transmitirlo no solo de palabras sino sobre todo en nuestras vidas y compartir diario. Siguiendo el mandato del Señor Jesús, “Id por todo el mundo anunciando lo que yo les he enseñado, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”, eso es lo que tratamos de cumplir en esta misión de verano.



 
 
Los rostros de los niños y la dedicación de algunas familias nos alientan y aunque en muchas ocasiones hubo duras y pesadas cruces, éstas no nos intimidaron ni nos quitaron las ganas de estar firmes y decididos. Ya lo dijo Comboni, nuestro Santo Fundador, “todas las obras de Dios nacen y crecen al pie de la cruz.” Todas las dificultades las llevábamos al Señor en nuestra pequeña capilla donde estaba el santísimo.


 

 

Las actividades que realizamos son: las visitas a los enfermos, a las familias para invitarles a participar en la santa misa de los domingos, a las familias con algún problema como por ejemplo la violencia domestica.




También realizamos catequesis y preparamos a los niños y también a los adultos para recibir los sacramentos específicamente el bautismo y primera comunión. Además cuando el Padre Lino que es el encargado de ésta capilla no está, realizamos la liturgia de la palabra y otros momentos de oración con la comunidad. Además de realizar estas actividades, el compartir y el estar con la gente nos enriqueció bastante, porque se trató de vivir con ellos, y sobre todo de jugar con los niños.






Teníamos tres días cada semana del 3 al 5:30 pm con los niños donde cantábamos de Dios, hacíamos preguntas con respuestas, dibujos y finalmente los diferentes juegos que teníamos. Los niños nos molestaban llamándonos a la puerta y preguntándonos la hora. Su alegría nos recordaba que Dios vive entre nosotros. En Cauri, cuando decimos que vamos a encontrarnos a las 3, los niños vienen a las 2 algo que llamó mucho mi atención porque en otros sitios donde he estado siempre vienen tarde.






Al final hubo ocho niños que recibieron el sacramento del bautismo y cuatro niños y un adulto recibieron la primera comunión. San Miguel de Cauri ha sido un lugar bonito para mi misión de verano; todos están invitados a visitar este lugar, al pie de la cordillera, porque tiene lugares muy bonitos como por ejemplo, la laguna de Lauricocha.
 

 

                                            Sch. David, mccj

22 de diciembre de 2012

ARCANGÉL BANDA


¿QUIÉN ES ARCANGEL?
 
 

Me llamo Arcángel (Archangel), soy de Zambia. Nací hace 26 años en una ciudad que se llama Chipata al este  de Zambia. Soy de una familia muy católica, y crecí en este ambiente. Tengo cinco hermanos y dos hermanas, mis padres que aún están bien, viven en mi país. Hice mis estudios de primaria en mi ciudad y después cursé la secundaria por cinco años según el programa de mi país.
 
 
 
Cuando era joven tenía muchos sueños, como cualquier joven. Soñaba con ser abogado. Tenía ese sueño hasta los veinte años. Mi deseo de ser sacerdote empezó  en el años 2005, en ese tiempo estaba muy activo en los grupos de jóvenes en mi parroquia, y tenía mucho contacto con los sacerdotes diocesanos. Ese deseo de ser sacerdote creció bastante, pero mi sueño de ser abogado todavía no había desparecido. Cuando terminé mis estudios de secundaria en el año 2006, firmé los papeles de entrada en la universidad,  para estudiar la carrera de derecho. Y por otro lado, estaba en comunicación con  el promotor vocacional de los Misioneros Combonianos.

 
El siguiente año, 2007, asistí a las entrevistas de entrada a la universidad y me fue bien, y en el mismo mes asistí a la reunión vocacional (pre-postulantado, ese es el tiempo antes de entrada en postulantado para estudiar Filosofía), con los misioneros Combonianos, y también todo me fue bien. Este fue un momento de crisis para mí, porque tuve que tomar una decisión firme y constante. Pero el camino de Dios no es el camino humano y no es posible conocer a Jesús y no amarle, amarle y no seguirle; yo seguí el camino de Dios  para ser sacerdote y misionero.

 

El 1 de octubre del 2007, empecé mi camino de formación sacerdotal en Balaka-Malawi, donde hice 3 años de filosofía y estudios religiosos. Era un momento de crecimiento intelectual, humano y spiritual. Después de 3 años, el 19 de Agosto del 2010 la provincia de Malawi/Zambia me envió al noviciado de Namugongo en Uganda. En el noviciado tuve un tiempo de intensa oración, profunda encuentro con Dios y la persona de Jesús vivo, de san Daniel Comboni nuestro santo fundador, la regla de vida, historia de la congregación, la vida comunitaria y el encuentro con la familia comboniana en la misión.
 
 
 

Después de casi dos años de noviciado en la santa tierra de los mártires de Uganda, realicé mis primeros votos religiosos en la familia comboniana, el 1 de mayo del 2012 en la basílica de los mártires de Uganda. Después mis superiores me enviaron al scolasticado de Lima para estudiar teología. Después de casi 3 meses de vacaciones con mi familia y mis queridos amigos  viajé a Perú. El 24 de julio de 2012, llegué al Lima lleno de entusiasmo y expectativas, y también con algunos miedos e incertidumbres- nueva gente, la lengua, las costumbres, la comida etc. Tengo cuatro meses en Perú y todavía estoy aprendiendo español. Espero que todo vaya bien conmigo y con los demás.
 

 

La vida es un misterio; yo creo que como la vida, la vocación es un misterio también. Dios es  el protagonista de nuestra vida y nuestra vocación, Él nos llama de una manera u otra y después nos envía según nuestra vocación. Estoy respondiendo a la llamada de Dios que he recibido a ser misionero fuera de mi país, con alegría dejé todo lo que me era familiar en mi vida, mi pueblito, mis amigos y muchas cosas. Ahora estoy feliz y contento, listo para estudiar, aprender y compartir mi experiencia  del amor de Dios con mis hermanos y hermanas del Perú. Vivir con a los pobres y abandonados de nuestra sociedad.


 

¡¡¡Como misionero puedo decir que, todo el mundo es nuestra parroquia!!!  Y juntos con Apóstol Pablo decimos que ¨” No tengo plata ni oro, pero lo que tengo les doy--solamente Cristo resucitado y vivo¨” (Hech 3, 6.). Juntos vamos a crecer como un pueblo de Dios en Amor.


 

Suyo en el Sagrado Corazón de Jesús,

Humilde servador de Dios


     Arcángel Ramsey Chokani  Banda

18 de diciembre de 2012

Aventuras y anécdotas misioneras


AVENTURAS Y ANÉCDOTAS MISIONERAS

 

            Siempre he escuchado historias vocacionales de varias personas. Empiezan de diferentes formas. Y siempre me ha llamado la atención cómo describen su vocación. Algunos dicen que su vocación es una provocación! Otros que es una aventura y otros que es un enamoramiento del Señor, etc.

            La mía, la tildo de provocación, y a la vez, de una aventura de amor con el Señor. El Señor me sorprendió en mi plena juventud, mientras pensaba y tenía proyectado estudiar medicina. Pues lo es, porque me propuso otro proyecto, el de seguirle de cerca y de anunciar su Reino de amor a la humanidad entera. Así pasó también con varios personajes de la Biblia: María tenía planeado casarse con José, pero Dios le prepuso otro plan. Algunos discípulos eran pescadores, en adelante serían pescadores de hombres, etc. Como estos modelos, yo también acepté y me lancé a la aventura que me propuso el Señor. No me quedé triste como el joven rico. He aquí pues algunas experiencias de esta aventura que les comparto.

            Se suele pensar que la vida religiosa y misionera es cómoda. ¡Mentira! Jesús dijo que el que quisiera seguirle que renunciara a sí mismo y cargase con su cruz. Más aún, el hacer causa común como comboniano es exigente y hace madurar. En este sentido, recuerdo que en mi primera experiencia misionera al concluir el primer año de postulantado, me enviaron a una comunidad cristiana por un mes. Yo, entusiasta, me fui. Iba a la chacra con la gente, hacía limpieza ( tipo faena) del pueblo junto a la gente, disfruté muchísimo del silencio del campo, del sol de esas tierras, la calidez y el afecto con la acogida de la gente, jugaba con los niños, me levantaba muy temprano para rezar el rosario con los fieles. Comía yo feliz todo lo que me daban. Pero la purificación de la vocación sobrevino cuando iba a sacar agua del pozo con una cuerda. ¡El resultado fue ampollas en las palmas de las manos! Sin embargo, no había nada más que me llenara de felicidad y daba sentido a mi vida que estar con las personas, compartir sus alegrías y esperanzas!

            Durante el postulantado, los domingos íbamos en bicicletas a hacer el apostolado en las comunidades cristianas. Recuerdo que un día regresando a casa, se me malogró la bicicleta en el camino. Y ese día me fui solo, pues a mi compañero le tocaba cuidar la casa. ¡Uf, plop! no me quedaba otra que caminar como una hora para llegar a casa. Caballero nomás. ¡La misión si no se hace en la bicicleta, se hace con los pies! En la misión hay que sudar y entregarse, dejar el pellejo de esta manera! ¡Y las caminatas de Jesús por las aldeas de Galilea! ¡Cómo no recordar su cansancio al atardecer de sus jornadas! Nada de quejas, sino adelante con ánimo de seguir a este maestro – el caminante por amor en Palestina! Las dificultades y sorpresas hacen partes de la vocación y de la misión. ¡Nada agradables, pero fortalecen! En esas ocasiones me acordaba que un padre comboniano, el P. Lino Negrato, quien, en Uganda, en tiempo de conflictos políticos y amenazado de muerte, en una zona roja dejó el carro de la misión, y para salvarse la vida y seguir anunciando el Reino de Dios, caminó horas y horas y, ante el peligro cruzó la frontera entre Uganda y Congo, hecha de fierros y barricadas. Una vez al otro lado de la frontera, caminó horas y horas para pedir auxilio y ayuda. También en Etiopía, en camino entre Addis-Abeba y una misión  comboniana alejada, tras ser asaltado y despojado de sus pertenencias e incluso del carro nuevo que acababa de comprar para la misión, aquel padre comboniano tuvo que caminar muchas horas en busca de personas y auxilio, y así poder llegar a su misión. A mí no me asaltaron, ni me robaron. No estaba en peligro de muerte por guerras, pero tuve que caminar como ellos apostando por la misión! ¡Bendito día!

            En Ghana, durante mi noviciado, fui a una experiencia misionera con dos compañeros. Nos quedamos en una comunidad central y un poco más madura en la fe. Y desde allí atendíamos a las demás comunidades más cercanas repartidas y puestas a cargo de cada uno de nosotros. En efecto, eran en total 6 a nuestro cargo (dos para cada uno). Y por el ritmo de la gente, debíamos dar catequesis y hacer celebración de la palabra a partir de las 5am. Era temporada de lluvias fuertes. Hacíamos visitas a esas comunidades muy temprano, de madrugada, en bicicleta. Un día llovió fuertemente y nos ensuciamos por el mucho barro que había. Llegó un momento pues, en que ya no podía más. Y me caí con mi bici, ¡plush!. No se imaginan, en el barro, ¡plop! Llegué al pueblo y no había nadie, en esa condición, tenía que tocar las puertas de la gente. Otro día, cruzando un río, poco antes de llegar a un pueblo  llamado “Mawoepko” de la misma zona, me caí en el río cargando la bici en mis hombros. El nombre de este pueblo es algo que nos animaba: Mawoepko significa literalmente “intentar a ver que resulta”. Desgraciadamente, mis compañeros no tenían nada que hacer; se mataban de risa. Los domingos, nos tocaban por lo menos dos comunidades para atender. Había una en donde la gente nos pidió celebración en la noche. Uuf, y como no hay luz, íbamos con linterna en una mano y con la otra mano conducíamos la bicicleta. Así todos los días íbamos a visitar a los pueblos en esas condiciones.




Regresando de las visitas de las comunidades, nos tocaba enseñar en la primaria y secundaria. A mí, me tocó el cuarto grado de primaria dictando todos los cursos en inglés. ¡Qué maravilla, pero desafiante con mi pobre inglés! Lo hice muy bien! El misionero debe prepararse y estar listo para todo servicio. Pero era por carencia de profesores, pues se iban porque el gobierno les pagaba un sueldo bajo. ¡Inolvidables experiencias! Por la gloria y para el anuncio del reino de Dios, arriesgamos nuestras vidas! Si hubiéramos conocido la canción: “No temas arriesgarte, porque contigo yo estaré, no temas anunciarme…”; se la hubiéramos cantado en nuestros ratos de recuentos…

Ahora, para terminar, les comparto vivencias misioneras actuales, o sea, del Perú. Recalco mis experiencias misioneras de verano en Cerro de Pasco y en la Selva Central, en el distrito de san Martín de Pangoa, provincia de Satipo.

En Cerro de Pasco, yo proviniendo de un clima cálido tuve que adaptarme al clima de Pasco. La bienvenida fue el soroche. Luego, subir y bajar las escaleras entre parar un poco y subir tres o cuatro gradas. Un día me llevaron de emergencia al hospital de Milpo donde radicábamos durante la experiencia. Me pusieron oxígeno. Y todas las noches, dormía con cinco frazadas, jejeje ajajaja. Una para cubrir la cama y las otras para cubrirme,¡ gracioso! Como si no fuera suficiente, tenía también estufa que calentaba el ambiente. ¡Experiencia única! Allí también, atendíamos a otro pueblo cercano que se llama Huancamachay que está a dos horas de camino a pie. Un domingo íbamos a ese pueblo y un señor nos prestó su caballo, y como no tenía experiencia de caminata en las montañas y a esa altura, mi compañero me dejó subir al caballo. Era la primera vez. Pero de pronto quise cabalgar como un maestro. Me pasé, y el caballo se puso a correr a una velocidad tal que no podía controlarlo. Al fin y al cabo, ese caballo me arrojó al suelo, o mejor dicho, me caí del caballo. Me dolió mi cintura, horrible! Mientras el caballo estaba corriendo mi compañero gritaba: ¡Fabrice, para! Pero no sabía nada! ¡Total, me caí! ¡Me lastimé! Pero él se mató de risa. Ya no quise subir más. A unos metros, él quiso subir y el caballo se puso bravo y loco. No quiso que él subiera. Él también terminó cayéndose del caballo! ¡Empate de caídas! Llegamos al pueblo, ¡gran sorpresa! La capilla del pueblo se había transformado en establo de animales: alpacas y llamas. Ese día trasquilaban la lana de esos animales. No pudimos hacer nada! Estuvimos con ellos hasta el atardecer y regresamos a Milpo. Pasamos hambre pues nos fuimos sólo con dos panes cada uno, dos huevos sancochados cada uno y medio litro de agua cada quien. Quince días después fuimos de nuevo, esa vez la lluvia nos jugó una mala pasada. Tampoco pudimos hacer nada. El pueblo estaba en faena. La misión nos desilusiona a veces. Hacer misión no es necesariamente hacer algo llámese: celebración de la Palabra o catequesis, sino sobre todo es estar, compartir y aprender de la gente y respetar el ritmo de la gente adonde uno va. La ingratitud, la inclemencia climática y la improductividad en la misión no deben desanimar. El misionero trabaja para la eternidad, dijo Comboni. Cuantas veces Jesús se dio cuenta de que los suyos y la multitud no entraban en su lógica, y que su esfuerzo para anunciar el proyecto y el designio amoroso de Dios no acaba de ser entendido y dar fruto!

En la Selva central, me pasaron muchas cosas, pero quiero mencionar sólo dos acontecimientos importantes entre tantos en Chuquibambilla. Uno, la bienvenida que nos dieron unas ratas. Otro, el cansancio de una caminata de tres horas. Respecto a la bienvenida, resulta que cuando fuimos a Chuquibambilla y llegamos al atardecer, con mi compañero nos reunimos para hacer nuestra oración de la tarde y confiar al Señor nuestra experiencia. Estábamos en nuestro hospedaje. Y arriba sentíamos el correteo de ratas. Y mientras salmodiamos se cayó una de ellas en la espalda de mi compañero, y el pobre se levantó gritando ay ay ay ay tirando su breviario, o sea su libro de oración. A mí no me quedaba otra, ¡me levanté yo también gritando y tiré mi linterna! Los dos asustados y desconcertados. Luego, me reí cuando mi compañero decía: ¡”desgraciada rata”! Y no es todo, mi compañero, durante la noche, sentía el calor y no puso mosquitero y entró una rata a su cama. ¡Imagínense la pelea con la rata! Esas ratas no nos dejaron dormir. Comían todo lo que teníamos para nuestra alimentación. Yo no dormía, las perseguía con palo en la noche. Metíamos piedras sobre las ollas para cuidar los alimentos y protegerlos de esas malditas ratas. Compramos veneno y con eso matamos como 20 grandes si mal no recuerdo, pero no se terminaban. Respecto a la caminata de tres horas, era un domingo y decidimos conocer un pueblo cercano con la curiosidad misionera. Durante el viaje, mi compañero me dejaba atrás subiendo un cerro, y yo lo dejaba atrás bajando. Interesante! Teníamos ampollas en los pies. En un tramo del recorrido, me saqué los zapatos y caminé descalzo. Al regresar, ya casi cerca del pueblo donde vivíamos, un joven me salvó y me recogió en su moto. Mi compañero regresó bien molido!

Estas son algunas de tantas experiencias misioneras mías. Reflejan las condiciones en las cuales trabajan los misioneros, sus fatigas, su entrega, coraje, abnegación, entusiasmo, sacrificios, esfuerzos dando sus vidas para la misión! Queridos lectores espero que estas experiencias les sean agradables y les animen a seguir rezando por los misioneros y colaborando con ellos para que el Reino de Dios se haga realidad donde todavía no está presente.
 
Fabrice-mccj


8 de agosto de 2012

PASEO DE COMUNIDAD
Los días 19 y 20 de julio del 2012, tuvimos un paseo a Lunahuana. Lunahuana es un distrito que pertenece a la provincia de Cañete ubicado a tres horas Lima hacia el sur. Lunahuana recibe turistas cada año y está en constante crecimiento. Tiene varios centros turísticos y anexos. Lo que atrae miles de turistas es el canotaje en el río Cañete y la ciudadela ‘Incawasi” (casa del Inca). En este viaje fuimos acogidos por la familia del Padre Percy Carbonero, misionero comboniano.

Durante este momento tuvimos la oportunidad de despedir de nuestro hermano Juan Yaxcal Cucul que ahora está en su país (Guatemala). Fue un momento duro, no solamente para él, sino también para nosotros. Ha sido un bueno hermano para cada uno de nosotros. Que Dios le bendiga en su camino.




David, mccj.

4 de agosto de 2012

EN LAS REDES DEL SEÑOR,  HISTORIA DE UNA VOCACIÓN


Soy Fabrice Giovanni Komlan Dzitri AGBETIAFA. Soy de Togo, un país de África del oeste. Soy último de cuatro hermanos (tres hombres y una mujer).Soy misionero comboniano. Estoy realizando mis estudios teológicos  en el Perú, y ya me encuentro en la última etapa de la formación comboniana. Voy a cumplir 4 años en el Perú. Tras seis meses de aprendizaje del castellano, empecé a estudiar la teología. Aquí les comparto la historia de mi vocación.

            Este cuarto domingo de Pascua, celebramos la Jornada Mundial de oraciones por las vocaciones. Se le llama también el domingo del Buen Pastor. Quisiera, pues, en esta ocasión sólo centrarme en mi vocación. Apreciaremos, de algún modo, a la luz de la historia de mi vocación, cómo y por qué Dios dirige a una persona concreta en un contexto determinado su llamado, invitándola a comprometerse con Él y a servirle de un modo particular.
            Considero que mi vocación es una provocación, una aventura con Dios.  Recuerdo dos momentos claves e importantes en mi discernimiento vocacional. El primer momento se refiere a la atracción, la fascinación cautivante que sentí por la vivencia del carisma comboniano, en mi capilla, de parte de los  Combonianos (tanto postulantes como sacerdotes). Su cercanía a la gente, su entrega, su alegría y su entusiasmo de vivir y de dedicarse a la causa de Dios y de la gente sencilla me cautivó. Compartí esta inquietud de ser como ellos a mi párroco. El me animó y me invitó a participar de los encuentros mensuales de discernimiento vocacional. Mientras participaba se fortalecía mi deseo. En algunas  ocasiones sentía resistencias y desánimos por muchas cosas. Sin embargo, llegó un segundo  momento en el cual Dios lanza de nuevo su red para pescarme y esa vez, no pude escapar. Él fue más fuerte que mis resistencias y miedos. Me atrapó. Me sedujo y me dejé seducir por él. Aquel segundo momento fue decisivo e importantísimo, y se dio en el marco de mi bautismo. Pues me bauticé de adulto, a los 17 años. La chispa del Señor me llegó por medio de mi catequista. En mi capilla, hay un catequista que trabaja solo. Necesitaba más catequistas para apoyarle. Y entonces, nos dijo: Tras su bautismo, lleguen a ser instrumentos en las manos de Dios para que los pueda utilizar en su viña. Aquel día, me acordé de lo que dijo Jesús: la cosecha es abundante, pero los obreros pocos. Dije en mi corazón profundamente como el profeta Isaías: aquí estoy Señor, envíame.
            Entre tanto, proyectaba ser médico y estudiaba en vista a ello. Pero decidí comenzar esta aventura confiando en el Señor, autor de mi vida y de mi vocación. De parte de mi familia, sobre todo de mi mamá y mi hermana, al principio,  no hubo una aceptación inmediata y serena, ni apoyo. No obstante más tarde, entendieron y  a partir de ese momento me han estado apoyando hasta ahora. Otro desafío de mi vocación era la dimensión misionera (consagración  radical a la misión Ad gentes y Ad vitam). Pero el Señor que llama, da siempre los medios para renunciar a un mismo y seguirle fuera del contexto de uno y vivir la interculturalidad e internacionalidad como gracia y sobre todo con alegría.  Hace nueve años que he venido formándome. He pasado por la etapa del postulantado y  del noviciado. Y ahora me encuentro en la última etapa que es el Teologado. Dios mediante este año concluyo mis estudios y veremos que el Señor nos reserva en el futuro inmediato. Pero estoy sereno y contento del camino que estoy haciendo, disponible para lo que se viene con gran expectativa.

             Como se han dado cuenta, el Señor me ha llamado de esta forma. Pero llama de muchas otras maneras. Puede llamar mediante un amigo, un acontecimiento, su Palabra, etc. Siempre llama para estar con él y ser enviado por él para una misión específica. Hoy también sigue tocando a la puerta de los corazones de los jóvenes. Está a la puerta de nuestra vida diaria llamando de diversas maneras.  Pidámosle la gracia de no ser sordos a su voz. A los que sienten de una manera u otra su voz, les pido de no resistirle, sino ser generosos y disponibles. Jóvenes, no tengan miedo. Dios les tiene un gran proyecto de amor para vida, alegría, sentido en bien de  la humanidad. Hoy más que nunca, Dios quiere valerse de su voz, manos ojos, en fin quiere valerse de ti, para consolar, dar ánimo al que lo necesita. ¿Estás disponible? ¿Y si escuchas su voz cuál sería tu respuesta?
            Padres de familia, animen a sus hijos e hijas en este sentido. Oremos pues para que Dios nos bendiga con muchas vocaciones sacerdotales y religiosas. Sigan orando y apoyando a las personas consagradas a Dios y para la misión para que sigan su discernimiento con más entrega, entusiasmo, generosidad y fidelidad.



 Fabrice Giovanni Agbetiafa, mccj.