28 de mayo de 2012

PASTORAL EN SAN DANIEL COMBONI, SAN GENARO II






 
UNA SONRISA DE CONFIANZA  EN DIOS, DESDE LA ARENA

El Señor es mi fuerza y mi salvación ¿De quién  podré tener miedo? El Señor defiende mi vida. ¿A quién habré de temer? (Sal 27, 1). Esta misma fuerza, esperanza y alegría en Dios, está presente en Sebastiana, una mujer que tantos golpes le ha dado la vida, pero ha sabido encontrar en su propio interior la fuerza de la presencia viva de Dios. Esa misma fuerza con la que ha logrado romper las rocas de su pequeño terreno para hacer realidad el sueño de su vida: construir su casita para ella y su querido hijo Leonardo.

Desde su infancia, Sebastiana ha tenido que luchar sola para salir adelante. A partir de los 14 años salió de un pueblo lejano de Puno y llegó a Lima en busca de un futuro mejor. Toda su adolescencia creció trabajando en casa de familia, sin mayores oportunidades para estudiar y superarse.

Hoy vive en un precario cuarto construido de madera y plásticos, en Chorrillos, concretamente en San Genaro II, Nueva Caledonia, zona de asentamiento humano en la parte alta del cerro, lleno de arena y rocas. Allí adquirió un terreno con los pequeños ahorros que fue juntando, fruto del sudor de su trabajo  durante tantos años. Actualmente vive con su único hijo Leonardo, que tiene 24 años, y trabaja manejando  taxi; lamentablemente el propietario del taxi, le exige trabajar más de 12 horas diarias, y lo poco que el paga escasamente le alcanza para comprar la comida de él y de su mamá, pero algunas veces ni para la comida consigue.

Ella,  por su edad y problemas de salud, son pocas las posibilidades de obtener un trabajo seguro. Ahora labora pelando ají; por cada saco que pela, gana tan solo un sol. No puede salir casi de su vivienda que es insegura. Una situación muy triste que le ha sucedido hace unos años atrás, mientras que ella trabajaba, le robaron las cosas de su  humilde vivienda, dejándola sin nada.

El sueño mas grande, y que tanto le pedía a Dios, era el de poder reconstruir su cuarto y ampliarlo con material más fuerte que le permitiera vivir en condiciones segura y más digna.
                                            
                                                                                                                      AUTOR DEL ARTÍCULO
Hace 10 meses, con una sonrisa y confianza en Dios que brotaba espontáneamente de su interior, me dijo (cito textualmente sus palabras): “Algún día Dios me va a conceder  tener mi casita para poder disfrutar,  compartir con mi hijo y las personas que me visiten, aunque sea un agüita con pan, pobre, humilde pero con mucho amor y cariño porque mi casita tendrá siempre dentro un corazón grande para acoger a todos”.
Hoy este sueño es realidad, gracias a un grupo de personas generosas con gran espíritu solidario, han ayudado a construir su casita con un material más fuerte. Ella no deja de darle gracias a Dios porque la ha escuchado y le ha bendecido con este regalo.

Sebastina es un trozo del evangelio actual de Jesús, una mujer madre soltera, habitada por la confianza, la fe y la alegría; su verdadera dicha y riqueza está en Dios “Dichosos los que reconocen su necesidad espiritual, pues el Reino de Dios les pertenece” (Mt: 5,3).ella ante los problemas se mantuvo confiada y nunca perdió la esperanza en Dios. Hoy su Alegría es inmensa, no solamente por tener una casita, también porque a través de este regalo se ha manifestado la fidelidad del amor que Dios tiene con sus hijos, que nunca deja de darnos lo mejor, no lo que muchas veces queremos, sino lo que él desea para que nuestra felicidad sea completa.

Su testimonio es para nuestra sociedad actual, un signo real del Evangelio de Jesús lleno de esperanza y confianza en Dios. Él camina con nosotros, nuestros dolores son sus dolores, nuestras alegrías son sus alegrías.

Jaider Hernán Pinzón,  MCCJ.

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